BALANCE POLÍTICO
¿Qué cambia con la guerra contra Irán?

Derrota del imperialismo marca una nueva etapa en la lucha de clases internacional

El 7 de abril de 2026, el Gobierno de Estados Unidos e Irán establecieron un acuerdo de alto el fuego basado en una agenda de 10 reivindicaciones iraníes. Este acontecimiento pone de manifiesto una retirada estratégica forzada del imperialismo estadounidense, que se vio ante un escenario de confrontación insostenible.

La aceptación —aunque seguida de desmentidos contradictorios por parte de Donald Trump— de las exigencias de Teherán pone de manifiesto la profundidad de la derrota política de EE. UU. Los puntos centrales aceptados incluyen:

  • Garantía de no agresión contra el territorio iraní;
  • Control del estrecho de Ormuz bajo jurisdicción compartida de la región;
  • El fin de los conflictos regionales, con énfasis en la protección del Líbano;
  • Retirada total de las tropas estadounidenses del Golfo Pérsico, Irak e Israel;
  • Pago de reparaciones de guerra por los daños a la infraestructura civil;
  • Reconocimiento del derecho al enriquecimiento nuclear con fines civiles;
  • Levantamiento de las sanciones primarias (vigentes desde 1979);
  • Levantamiento de las sanciones secundarias y los bloqueos económicos recientes;
  • Derogación de las medidas restrictivas de la OIEA (Organización Internacional de Energía Atómica);
  • Revocación de las sanciones impuestas por la ONU.

El escenario supone una derrota más severa para Estados Unidos que la Guerra de Vietnam. Mientras que en el Sudeste Asiático la derrota fue militar y moral a lo largo de años, en el caso iraní la derrota es de carácter estratégico e inmediato, paralizando la capacidad de proyección de poder de la mayor potencia mundial en un área vital.

El Gobierno de Trump ha demostrado una pérdida total de rumbo político. Tras declaraciones de que «borraría una civilización del mapa», el Gobierno estadounidense dio marcha atrás bajo la presión de la inminente crisis económica y del aislamiento diplomático. El posterior intento de Trump de afirmar que no aceptó «esos 10 puntos», sino «otros 10», sin especificarlos, es una maniobra desmoralizadora que solo pretende mitigar el impacto político interno de la derrota.

El elemento decisivo fue el poder de veto económico de Irán sobre el estrecho de Ormuz. El restablecimiento del bloqueo iraní en respuesta a las agresiones sionistas contra el Líbano demostró que el imperialismo no dispone de medios para mantener la circulación de mercancías y la estabilidad financiera global bajo un régimen de guerra abierta con Irán. La retirada, por lo tanto, no fue una elección diplomática, sino una imposición de la realidad material y militar de la región.

La solidez del régimen político iraní, reforzada por el rechazo popular a la agresión externa, contrasta con la fragmentación del mando estadounidense. Irán ha roto el aislamiento internacional y ha reducido efectivamente la influencia imperialista en el Golfo a niveles históricos.

«Israel», la «policía militar» del imperialismo en Oriente Medio, sale muy debilitado. Estados Unidos necesita a «Israel» para patrullar la región, pero el Gobierno de Benjamin Netanyahu ha empezado a actuar como un perro rabioso que ignora las conveniencias diplomáticas de Estados Unidos. El brutal ataque contra el Líbano, ocurrido pocas horas después del anuncio del alto el fuego con Irán, ejemplifica esta crisis. El ataque es un intento de obtener resultados militares mediante el terrorismo contra civiles antes de que el acuerdo de paz se imponga definitivamente.

El sionismo ha cometido graves errores de cálculo, como el asesinato del ayatolá Saied Ali Khamenei, que, en lugar de desestabilizar a Irán, ha conferido una solidez extraordinaria al régimen político y ha unificado a la población contra la agresión externa. Las acciones de «Israel» en Jerusalén, como el bloqueo al patriarca latino Pierbattista Pizzaballa para la misa del Domingo de Ramos en la Iglesia del Santo Sepulcro, provocaron una ruptura con sectores de la derecha cristiana internacional. En Estados Unidos, este episodio se interpretó como una afrenta directa a los valores religiosos, lo que ha erosionado el apoyo que el Estado sionista recibe tradicionalmente de la base evangélica y conservadora trumpista. Esta pérdida de apoyo moral debilita el respaldo político a Netanyahu, quien ahora se enfrenta al riesgo de que se reabran las investigaciones por corrupción, de modo que el propio imperialismo podría estar preparando el descarte del actual gobierno israelí para intentar salvar la imagen de la operación regional.

A nivel interno, la prensa brasileña e internacional intenta sostener la propaganda de que Irán es un «Estado terrorista», pero esta versión choca con la realidad de la desestabilización provocada por el propio imperialismo. La desesperación de «Israel» por bombardear escuelas de niñas e infraestructuras civiles libanesas sin previo aviso lo pone al descubierto. El resultado de este comportamiento es un desastre propagandístico sin precedentes, superior al impacto negativo generado por las masacres en la Franja de Gaza. El Estado sionista se ha convertido en un factor de inestabilidad para los propios Estados Unidos, actuando de forma incontrolable para evitar un acuerdo que suponga su pérdida de relevancia militar y la consolidación del Eje de la Resistencia liderado por Irán.

La crisis interna del Gobierno estadounidense constituye el tercer pilar fundamental para el balance de esta etapa de la guerra. La política exterior de Donald Trump se derrumbó debido a su naturaleza errática y al intento fallido de llevar a cabo un gobierno de compromiso con el llamado «Estado profundo». Elegido bajo una plataforma de crítica a las «guerras eternas», Trump sucumbió a las presiones del aparato militar y de inteligencia al iniciar la agresión contra Irán. Este giro fue un grave error político, comparable a la situación del gobierno de Lula en Brasil en lo que respecta al intento de equilibrarse entre fuerzas opuestas y acabar siendo engullido por la crisis. La presencia de Marco Rubio como secretario de Estado es la prueba material de ese compromiso: Rubio no es un trumpista, sino un representante de la política exterior tradicional del Partido Republicano y del Pentágono, que opera desde el interior del gabinete para garantizar la continuidad de los intereses del imperialismo.

El fracaso de la ofensiva contra Irán generó un proceso de implosión dentro del movimiento trumpista. La base de apoyo de Trump, que esperaba el desmantelamiento de las operaciones militares en el extranjero, reaccionó con hostilidad ante la posibilidad de una guerra total. Este descontento se vio agravado por declaraciones del presidente consideradas ilegales y susceptibles de destitución, como la amenaza de «borrar una civilización del mapa». Tal retórica, además de aislar diplomáticamente a Estados Unidos, proporcionó a la oposición demócrata y a sectores del propio aparato estatal la justificación jurídica para intentar derrocar al mandatario. Mientras el núcleo del Gobierno arde en la crisis, figuras como Robert F. Kennedy Jr., actual secretario de Salud, adoptan una estrategia de distanciamiento, centrándose en cuestiones propias de transparencia y salud pública para evitar el contagio político del desastre militar. La fragilidad de Trump se ve acentuada por el hecho de que es minoritario en el Congreso y está rodeado de asesores que le han llevado a una apuesta desesperada.

La base económica que sustenta el equilibrio de esta guerra reside en la aceleración del proceso de desdolarización y en la consolidación de un nuevo sistema financiero global. El comercio entre Rusia y China ha alcanzado el nivel del 99,9 % de transacciones realizadas fuera del sistema del dólar, utilizando monedas nacionales e instrumentos digitales. Este movimiento está impulsado por la creación de sistemas de pago basados en blockchain por parte del bloque BRICS, lo que permite a países bajo sanciones, como Irán, operar comercialmente al margen de la dictadura financiera del imperialismo. El intento de derribar la moneda iraní mediante operaciones especulativas hace dos meses sirvió como «advertencia final» para la República Islámica: la independencia militar y política es insuficiente si no va acompañada de soberanía financiera. Por esta razón, la integración económica con China, vendiendo petróleo en moneda china, se ha convertido en un pilar de supervivencia y contraofensiva del régimen iraní.

El control del estrecho de Ormuz es el «arma nuclear económica» del Eje de la Resistencia. El acuerdo entre Irán y el Sultanato de Omán para el control conjunto de esta vía marítima es un hecho político de extrema gravedad para el imperialismo. El hecho de que una monarquía tradicional como Omán asuma abiertamente el apoyo a Irán frente a las presiones de EE. UU. indica que la influencia estadounidense en la región está en franco declive.

Las agresiones promovidas por el imperialismo y el sionismo están actuando como catalizadores de procesos revolucionarios en todo Oriente Medio. La historia demuestra que la guerra, aunque destructiva, altera la conciencia de las masas y genera una inestabilidad que los regímenes proimperialistas no logran contener. La victoria táctica de Irán, al imponer sus condiciones de alto el fuego y demostrar su poder de veto sobre la economía global a través del estrecho de Ormuz, marca el fin de una era de intervenciones unilaterales sin costes.

PORTUGUÉS: 10/04/2026