EDITORIAL
Defender la exportación de la revolución por los medios que sean necesarios.
La República Islámica presta un servicio inestimable a la clase obrera mundial

El asesinato del ayatolá Saied Ali Khamenei no solo representa un crimen político de proporciones históricas, sino una declaración de guerra total del imperialismo contra los pueblos. Ante un acto de tamaña cobardía y agresión, la represalia desencadenada por la República Islámica de Irán es una necesidad imperiosa de supervivencia y una respuesta legítima de una nación oprimida que lleva décadas siendo acosada de todas las formas posibles.
Irán vive bajo el asedio de sanciones criminales, sabotajes y amenazas constantes de países que no aceptan la soberanía de un país que rompió con la dominación del capital extranjero. En este sentido, los opresores, que utilizan el terrorismo de Estado como herramienta cotidiana, no tienen ninguna autoridad moral para quejarse de la violencia de quienes reaccionan; la violencia de los oprimidos es siempre una respuesta a la opresión de los opresores.
La contraofensiva iraní, que ataca bases e intereses en los países árabes que sirven de plataforma para el dominio imperialista en la región, tiene un carácter profundamente liberador y revolucionario. Al llevar la respuesta militar a naciones como Baréin, Catar y los Emiratos Árabes Unidos, Irán expone la extrema fragilidad de estas monarquías parasitarias que se sostienen únicamente como gestoras locales de los intereses del imperialismo. Esta acción sirve para demostrar al pueblo de esos países que sus gobiernos son débiles, sumisos e incapaces de garantizar cualquier soberanía real, funcionando únicamente como puestos avanzados del ejército estadounidense. El impacto de estas acciones en los vecinos árabes tiene el mérito de agitar la conciencia de las masas locales, exponiendo que el orden establecido puede romperse y que estos regímenes colaboracionistas deben ser derrocados por el propio pueblo en una ola insurreccional.
Por lo tanto, defender la exportación de la revolución iraní por los medios que sean necesarios es la única posición coherente para quienes luchan contra el imperialismo. La caída de los regímenes títeres y la expulsión definitiva de las tropas extranjeras dependen de una postura intransigente de resistencia que no se doblegue ante el moralismo de la prensa internacional. La lucha de Irán es la punta de lanza de un movimiento más amplio de liberación nacional que, al golpear a los aliados regionales del imperialismo, abre el camino para la lucha revolucionaria de toda la región.
¡Viva la Revolución Iraní!
¡Gloria eterna a Saied Ali Khamenei!




