EDITORIAL
¿Que se vaya al diablo Maduro?

Quienes minimizan el secuestro de un presidente, quienes se niegan a señalar al imperialismo como el problema central, terminan objetivamente del lado del agresor

La entrevista concedida por Lula al portal UOL marca una evolución muy grave en la alineación del Gobierno brasileño con la presión del imperialismo estadounidense contra Venezuela. Al ser preguntado sobre el secuestro del presidente Nicolás Maduro y la posibilidad de su regreso al país, Lula descartó el tema como secundario y afirmó, de manera explícita, que «esa no es la preocupación principal», diciendo que lo fundamental sería «fortalecer la democracia en Venezuela».

Esta formulación es escandalosa. Lula trata el secuestro de un jefe de Estado por una potencia extranjera como un detalle menor, algo casi irrelevante frente a una abstracción genérica llamada «democracia». En la práctica, equivale a decir: que Maduro se vaya al diablo. Como si Estados Unidos tuviera derecho a secuestrar a un presidente electo y eso no fuera un problema grave para toda América Latina, y mucho menos para Brasil.

Al afirmar que «quienes resolverán el problema de Venezuela son los venezolanos», Lula también reproduce un cinismo típico del discurso imperialista. No existe una «resolución interna» posible cuando un país está sometido a un bloqueo económico, sanciones, sabotaje, confiscación de activos en el extranjero y, ahora, al secuestro de su presidente. Ignorar este hecho es falsear deliberadamente la realidad.

Aún más grave es la centralidad que Lula da al tema de la «democracia». Se adhiere íntegramente a la propaganda estadounidense creada para justificar su ofensiva contra Venezuela. En todo su discurso no hay una sola condena clara al imperialismo estadounidense. El gran problema, según Lula, no serían los Estados Unidos —la principal potencia imperialista del mundo—, sino una supuesta crisis democrática interna venezolana.

A lo largo de la entrevista, Lula llega a decir que pretende sentarse «cara a cara» con el presidente estadounidense Donald Trump para discutir asociaciones, inversiones, minerales críticos e incluso la explotación de riquezas estratégicas. Mientras tanto, la agresión imperialista contra un país vecino se trata como un tema secundario, casi inconveniente.

El discurso sobre la necesidad de que Venezuela «vuelva a producir petróleo» y «mejore la vida del pueblo» ignora deliberadamente que la destrucción de la economía venezolana es el resultado directo del bloqueo impuesto por Estados Unidos. No es Venezuela la que elige producir menos petróleo; se le impide producir, vender y recibir lo que produce. Presentar este desastre como un problema de gestión o de «democracia» es repetir, palabra por palabra, la propaganda imperialista.

La posición expresada por Lula no es neutral, ni equilibrada, ni diplomática. Es una posición política clara, que desvía la atención del verdadero enemigo de América Latina: el imperialismo estadounidense. En lugar de denunciar el secuestro de Maduro, exigir su liberación inmediata y condenar las sanciones, Lula prefiere hablar de «democracia» abstracta y responsabilizar, de forma implícita, al propio país agredido.

Esta postura es inaceptable. Defender a Venezuela es una tarea elemental de defensa de la soberanía latinoamericana. Quien minimiza el secuestro de un presidente, quien se niega a señalar al imperialismo como el problema central, termina objetivamente del lado del agresor.

PORTUGUÉS: 06/02/2026