EDITORIAL
Cerco de EE. UU. demuestra éxito de la Revolución Cubana
A cada nueva sanción, a cada chantaje, la verdad se hace más evidente. Cuba está siendo atacada precisamente porque su revolución sigue viva

Desde principios de febrero, Cuba se enfrenta a una nueva ofensiva imperialista que amenaza con paralizar sectores estratégicos de la economía. La suspensión del suministro de combustible para aviones, anunciada oficialmente este lunes (9), ha afectado a aeropuertos como el de La Habana, obligando a las compañías aéreas extranjeras a cancelar vuelos y trasladar a los pasajeros. La escasez también afecta a la generación de energía eléctrica, la movilidad urbana y el turismo, esta última, la principal fuente de ingresos en divisas del país.
Detrás de la crisis se encuentra un bloqueo económico criminal e histórico, agravado en las últimas semanas con amenazas directas del Gobierno de Estados Unidos a los países que comercian petróleo con Cuba. México, presionado, interrumpió el envío de combustible, sustituyéndolo por «ayuda humanitaria». Venezuela, principal proveedor de la isla, sufre sanciones y su presidente ha sido secuestrado. El resultado: apagones, contracción económica y aumento de la escasez de productos básicos.
La situación que vive la isla no es natural, ni tampoco producto de una supuesta «quiebra del régimen», como repite la propaganda imperialista. Se trata de una crisis artificial, provocada intencionadamente para asfixiar a un Estado operario que lleva más de 60 años resistiendo al dominio capitalista. Si el régimen cubano estuviera realmente en colapso, no sería necesario bloquearlo con tanta brutalidad. La intensidad del cerco revela lo contrario: Cuba sobrevive, y eso es algo que el imperialismo no puede tolerar.
El intento de estrangular la economía cubana tiene como objetivo provocar el descontento interno, fomentar las protestas y allanar el camino para la intervención externa. Es la misma política utilizada contra Venezuela, Irán y Palestina: convertir las necesidades humanas en armas de guerra. Pero en Cuba, este sabotaje no se encuentra con una población apática, sino con un pueblo que conoce a su enemigo y que ya ha resistido situaciones mucho más difíciles.
Mientras Estados Unidos estrecha el cerco, la prensa burguesa internacional silencia el bloqueo o, peor aún, presenta sus efectos como fallos de la gestión cubana. El corte de vuelos se trata como un colapso del sector turístico. Los apagones, como una quiebra de la infraestructura. La escasez, como «ineficiencia del régimen». El agresor es retirado de la escena y la víctima es puesta en el banquillo de los acusados.
Al ocultar el bloqueo, la prensa intenta despolitizar la crisis y minar la solidaridad internacional. Pero la realidad escapa a la manipulación: a cada nueva sanción, a cada chantaje, la verdad se hace más evidente. Cuba está bajo ataque precisamente porque su revolución está viva.
Incluso ante dificultades extremas, Cuba sigue garantizando la sanidad gratuita, la educación universal, una baja criminalidad y un grado de organización popular inexistente en cualquier país capitalista de América Latina. Es gracias a la estructura estatal socialista y a la planificación centralizada que el país sigue resistiendo.
Mientras los gobiernos capitalistas se doblegan ante la presión de Estados Unidos, Cuba se enfrenta al imperialismo con dignidad. El presidente Díaz-Canel convocó grandes movilizaciones populares contra el bloqueo. Rusia y China demostraron su apoyo con acciones concretas: petróleo, alimentos y financiación. Pero es la movilización del propio pueblo cubano la que sostiene la resistencia, un pueblo que sabe que su lucha no es solo nacional, sino internacionalista.
Ante la ofensiva imperialista, no hay lugar para la neutralidad. Todo aquel que se proclame antiimperialista tiene la obligación de defender a Cuba y denunciar el bloqueo. La defensa de Cuba es, en la práctica, la defensa del derecho de los pueblos oprimidos a liberarse del dominio del capital. Es la defensa de la revolución socialista como alternativa concreta a los crímenes del capitalismo.




